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Fumio Kishida: el Primer Ministro y su confianza en la industria cultural japonesa.

El nuevo primer Ministro de Japón, confesó ser fan de la industria del anime y comentó brindar apoyo y mejora económica al sector de la industria, la cual abarca al Anime y al Manga, un sector no reconocido en su debida forma. Fumio Kishida aún no ascendió al poder y ya se distanció de las ideas conservadoras de una de las candidatas al puesto, Sanae Takaichi, quien propuso la política de las restricciones a todo lo que compete la industria nipona. 

Tras la renuncia repentina de Yoshihide Suga, Fumio Kishida es consagrado el nuevo primer Ministro de Japón. El ex Ministro de Asuntos Exteriores de Japón ha ganado el liderazgo del partido gobernante, esto le permite ocupar el puesto de primer Ministro. Asumiría el cargo oficialmente a partir del 4 de octubre.

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No obstante, una noticia particular respecto a la competencia de Kishida es su confesión; es fanático de Demon Slayer.

El político de 64 años reveló en una entrevista reciente su gusto por Demon Slayer, la obra de Koyoharu Gotouge.

Aseguró, además, que leyó todos los volúmenes del manga, sin embargo, afirmó no ver el anime en sí. 

Se puede conjeturar que el gusto de Fumio Kishida por el sector más fuerte de la industria japonesa haya derivado a su deseo de brindar apoyo a la misma.

Kishida, desde su posición como primer Ministro, desearía apoyar y mejorar –mayormente, de manera económica- la industria cultural del anime, manga y películas.

Fumio Kishida y la crisis de los animadores

En una publicación del The New York Times, se reveló –a partir de una entrevista con el animador Tetsuya Akutsu- que si bien la situación actual de la industria se encuentra en auge, no sucede lo mismo con los honorarios de los animadores.

En comparación con Estados Unidos, el salario de un animador japonés se encuentra por debajo de las ganancias de los animadores estadounidenses, cuyo sueldo promedio –según fuentes gubernamentales- es de 75.000 dólares anuales. Asimismo, se estima que el salario de los ilustradores de mayor categoría superaría las seis cifras.

Akutsu comenta “Hay muchos artistas desempleados que son increíbles”, también añadió “[los estudios] tienen mucha carne de cañón, así que no tienen ninguna razón para aumentar los salarios”. (The New York Times, 2021).

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Las ganancias generadas por los Anime en plataformas de streaming como Netflix son favorables para cada industria; no obstante, todos esos honorarios son redirigidos a los “comités de producción”. 

En otras palabras, hacia el marketing: fabricaciones de juguetes, editoriales y otros vértices que financian cada proyecto.

Según Akutsu, existiría una tarifa establecida a las industrias de la animación y una especie de trueque, donde a la tarifa fija se le añaden utilería.   

Por otra parte, se anunció que Netflix

ha decidido involucrarse en esta problemática. En el mes de febrero, la plataforma se relacionará con WIT Studio para brindar apoyo económico y capacitación para las y los jóvenes animadores que trabajen creando contenido para el estudio, quienes, además, recibirán alrededor de 1400 dólares mensuales por seis meses. Recibirán alrededor de 1400 dólares mensuales por seis meses. 

El futuro de la industria cultural

La reivindicación a la industria cultural japonesa hecha por Fumio Kishida podría permitir la continuidad del auge del anime, manga y películas japonesas. En este sentido, el nuevo primer ministro puede llegar a convertirse en un faro para los animadores, productoras, editoriales y artistas japoneses.

Pero, ¿qué hubiera ocurrido si Sanae Takaichi ganaba el liderazgo? La política conservadora afirmó durante su campaña que no dudaría en aplicar restricciones a la industria cultural japonesa, la misma a la que Kishida desea brindar apoyo.

A partir de cifras otorgadas por el New York Times, se considera que Japón alcanzó en 2018 alrededor de 24 mil millones de dólares solo con las producciones animadas, manga y/o películas. Esta cifra, no obstante, creció durante la pandemia del COVID-19, la cual permitió la reivindicación del Anime en el Occidente.

Este comentario deslegitima a los grupos reconocidos como Otakus (en Japón, fanático de cualquier índole); al contrario, palabras como otaku pasaron de utilizarse de forma despectiva a emplearse de manera positiva. Los otakus consideran que el interés del gobierno por la industria cultural japonesa es una apreciación a la forma cultural moderna de la representación de la sociedad nipona.

La industria cultural japonesa significa –en términos capitalistas- consumo, es decir, ingresos económicos para Japón. La revaloración del gobierno japonés puede abrir puertas nacionales e internacionales e incrementar la confianza de las empresas internacionales para la inversión en el país y en las industrias.

Sin embargo, al igual que Tetsuya Akutsu, los trabajadores de la industria continúan sufriendo a causa de los bajos salarios. The New York Times comenta que en lugar de otorgar una remuneración adecuada por sus trabajos, el crecimiento de la industria solo ha magnificado la grieta entre las ganancias destinadas a la publicidad y los salarios.

La mala redistribución económica entre animador-industria podría obligar a otros animadores a repensar si vale la pena continuar con su pasión. En palabras de Akutsu, “quiero trabajar en la industria del anime por el resto de mi vida”; pero su deseo entra en contradicción mientras se prepara para formar una familia y piensa en la dramática situación económica en la que se encuentra en la actualidad.

En este punto, solo queda preguntarse cuántos obreros como Akutsu existen hoy en día en Japón.

Redactora | + publicaciones

Estudiante de Letras en la Universidad de Buenos de Aires. Amante de la cultura y la literatura japonesa. Intento de crítica literaria.

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