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ReseñaCultura

Tenemos que hablar de Kevin… y de las maternidades emergentes

En el marco del mes de las maternidades, es preciso comenzar a contrastar las diferentes posibilidades que orbitan sobre dicho concepto. Si bien los movimientos feministas han acompañado el cuestionamiento acerca de los roles de género impuestos socialmente sobre las mujeres, el velo que recubre a la maternidad sigue, aunque disminuido, tendiendo a romantizar el modelo tradicional.

El filme

Basado en la novela homónima de Lionel Shriver y dirigido por la directora escocesa Lynne Ramsay, “Tenemos que hablar de Kevin” materializa la historia de Eva Khatchadourian, una mujer independiente con proyecciones de crecimiento, que se enfrenta con la peor cara de la realidad al transitar su primer embarazo.

Tras la llegada de Kevin, la protagonista, se encuentra con un escenario radicalmente diferente al que había imaginado. Eva (Tilda Swinton), tratando de desenvolverse en su nuevo rol, debe enfrentarse a una fuerte crisis con respecto al vínculo no solo con su hijo, sino también acerca de su idea de maternidad.

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En la película se releva la peligrosa distancia entre la idealización y la realidad. A partir de esta situación, van surgiendo interrogantes que irán tomando intensidad a cada minuto. En un principio, el nuevo integrante de la familia parece ser solo un niño difícil de tratar; sin embargo, el claro ensañamiento hacia su madre y su afán por infringir sufrimiento a quienes lo rodean desde las más tempranas etapas de la infancia revelan en Kevin un trastorno de personalidad perverso, el crecerá exponencialmente durante su periodo de adolescencia, hasta estallar de la manera más caótica y desgarradora posible.

“Tenemos que hablar de Kevin” es solo una de las tantas películas que representan diferentes vivencias con respecto a la maternidad. Al final del artículo se podrán encontrar con una pequeña lista de filmes que intenta ser lo más completa posible.

Maternidades hegemónicas

En este punto, la maternidad se presenta como un camino casi inevitable para todas las mujeres con capacidad de gestar. Dicha experiencia siempre se mostrará llena de goce, alegría y placer, sin admitir ningún tipo de discurso que invalide este mundo como natural y perfecto.

Aquí aparece el famoso “instinto maternal”, el cual se encarga de cargar a las mujeres con la idea de un deseo congénito de reproducción y una capacidad innata para la crianza. Entonces, se encasilla a las mujeres en base a su “instinto” dentro del binarismo “buena madre” y “mala madre”. En este punto no solo se anula la existencia de grises dentro de una vivencia tan compleja como la maternidad sino que, además, se concede la libertad de opinar y juzgar el vínculo madre-hije.

De esta manera, la “buena madre” siempre será aquella que prioricé sostener el bienestar familiar más allá de los sacrificios representados para su individualidad; mientras que las mujeres que busquen distintos caminos para mantener un desarrollo profesional, personal, o simplemente prioricen su propio deseo, serán demonizadas y agrupadas dentro de la columna de la “mala madre”.

La maternidad hegemónica vela por la universalización de la experiencia de la maternidad sin contemplar a las mujeres como sujetos y, por tanto, dueñas de sus propias experiencias y vivencias, las cuales se trasladarán directamente a todos los roles de su vida. De esta manera, son desacreditados los discursos que no la representan como un estadio de felicidad casi constante; por lo que no se contemplan maternidades por fuera del concepto ideal (y patriarcal) de familia hombre-mujer-descendencia biológica.

Maternidades emergentes

Hoy en día se busca dejar de entender a la maternidad como una realidad unívoca, la cual solo existe bajo el binarismo bueno/malo, para presentar el abanico de posibilidades que traen consigo las maternidades. Se intenta exponer la infinidad de posibilidades que condicionan este rol, entendiendo la existencia de grises, sin necesidad de someter todo a la contrastación blanco o negro.

La escucha de diversas prácticas de la maternidad abre el camino para comenzar a visibilizar nuevas formas de asumir este rol. Se presenta a la maternidad no solo como una elección para la mujer, sino también a través de la desmitificación de las vivencias, aceptándolas como parte de un proceso personal. Así pues, se busca alejar a la maternidad del reduccionismo clásico de la composición familiar mediante la integración de los muchos modelos familiares existentes en la coyuntura actual.

De lo que tenemos que hablar

¿Es posible universalizar la experiencia de la maternidad?

 Cada sujeto gesta su propia experiencia individual a través de sus vivencias e influencias como los factores sociales, históricos, políticos, culturales y económicos. Por este motivo, sería utópico pensar que la experiencia de la maternidad puede trasladarse de manera unívoca a todas las personas.  

Comenzar a problematizar el concepto de maternidad tradicional es el primer paso para desnaturalizar el romanticismo generado alrededor de este concepto. Como todos los roles que se cumplen a lo largo de la vida, el rol de madre también es una experiencia completamente individual. De esta manera se podrá entender la maternidad no como una imposición, sino como una elección.

Algunas películas que representan la diversidad de maternidades

Todo sobre mi Madre – Pedro Almodóvar, 1999

Juno – Jason Reitman, 2007

Leonera – Pablo Trapero, 2008

Precious – Lee Daniels, 2009

The kids are all right – Lisa Cholodenko, 2010

Migas de pan – Manane Rodriguez, 2016

Souvenir – Joanna Hogg, 2019

Yo nena, yo princesa – Federico Palazzo, 2021

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