la mujer habitada
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Sobre el amor y la libertad: La mujer habitada de Gioconda Belli

“Quizás el amor no sea otra cosa que libertad” nos dice Gioconda Belli en su libro La mujer habitada, envolviéndonos en su prosa a través de la historia de una mujer fuerte e independiente, como las protagonistas de todas sus novelas y como aquellas que emanan de sus poesías.

Escrita en 1988, La mujer habitada es su primera novela. Poeta, novelista y activista nicaragüense, Gioconda Belli ha escrito siete novelas más (Sofía de los Presagios, El Pergamino de la Seducción, Waslala, El País de las Mujeres, El intenso calor de la luna, El Infinito en la Palma de la Mano y Las fiebres de la memoria); un libro de ensayos (Rebeliones y Revelaciones); un libro de memorias acerca de sus años revolucionarios (El País bajo mi piel); ocho libros de poesía (entre ellos El Ojo de la Mujer y Escándalo de Miel); y cuatro cuentos para niños, siendo El Taller de las Mariposas el más conocido.

Sobre «La mujer habitada»

La mujer habitada narra una historia tan antigua como el mundo, el amor entre un hombre y una mujer y la lucha de un pueblo por la libertad.

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Lavinia regresa a Faguas (ciudad latinoamericana ficcional) luego de completar sus estudios de arquitectura en Europa. Ya no es la misma y su país tampoco lo es. Un naranjo florece en su jardín, y del mismo modo, florecen en Lavinia la rebeldía y el anhelo de libertad, llegando a repudiar la inercia secular y participar de forma activa en acontecimientos que transforman la realidad de su país.

Mientras trabaja en un estudio de arquitectos, Lavinia conoce a Felipe. Juntos se comprometen no solo a un amor apasionado sino que también se involucran en el Movimiento de Liberación Nacional, un espacio político, revolucionario y clandestino, que lucha contra la opresión del Gran General. En este punto, la analogía con la dictadura de Anastasio Somoza en Nicaragua es palpable. Se trata de otra lucha de amor pero esta vez por la libertad de su pueblo.

Inmersa en estas batallas de amor, libertad y contra las opresiones y los mandatos sociales, Lavinia construye su identidad en oposición a lo esperado socialmente de ella siendo una mujer de clase alta. Vive sola, cuestiona los mandatos matrimoniales, las fiestas y costumbres del entorno en el que creció y los prejuicios que le impiden dirigir una obra en su profesión. Una vez más, se trata de una lucha, que no es otra que la de muchas mujeres en aquella época.

La mujer habitada es una narración a dos voces y en dos líneas temporales coexistentes y complementarias: la resistencia ancestral del indígena al español se vincula con la revolución feminista y la insurgencia política de hoy. En la novela, la historia de Lavinia, una joven de clase media-alta, se enlaza con la historia de Itzá, mujer originaria quien, siglos atrás y por amor a Yarince, se entrega a la lucha contra los conquistadores españoles. Más allá del límite de las páginas de papel, el relato de Lavinia e Itzá dialoga, a su vez, con los relatos de todas las otras mujeres que esta unión simboliza.  

Con fuertes descripciones e imágenes de densidad estética y una prosa que quiere volverse poesía, La mujer habitada nos sumerge en el universo de palabras de Gioconda Belli y nos invita a quedarnos allí, leyendo y releyendo para aventurarnos página a página en la fortaleza política y no política de la feminidad y su genuinidad. Tal es así que la novela ha sido traducida a once idiomas, con enorme éxito, y galardonada en Alemania con el “Premio de los Bibliotecarios, Editores y Libreros a la Novela Política” en 1989.

Sobre la autora

Gioconda Belli nació el 9 de diciembre de 1948 en Managua, Nicaragua. Poeta y novelista, sus obras han sido traducidas a más de veinte idiomas. Es, asimismo, presidenta, por Nicaragua, de PEN Internacional (asociación mundial de escritores), miembro de la Real Academia de la Lengua de Nicaragua y chevalier de las Artes y las Letras en Francia. Su vida ha sido marcada fuertemente por el activismo político.

gioconda belli

Desde 1970, año en que comenzó a escribir sus poemas, como muchos intelectuales de su generación, se integró en las filas del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Durante la dictadura de Anastasio Somoza en su país, Belli fue perseguida y debió exiliarse en México y Costa Rica. Con el triunfo de la Revolución Sandinista en 1979, volvió a Nicaragua. A su regreso desempeñó diversos cargos en el nuevo gobierno hasta su renuncia en 1994.

En todos estos años, Belli recibió numerosos reconocimientos por su escritura: en 1978 ganó el premio “Casa de las América” en Cuba por su poemario «Línea de fuego»; como se ha mencionado, en 1989 obtuvo el premio a la mejor novela política del año en Alemania por «La mujer habitada»; su libro de memorias, «El País bajo mi piel», fue finalista de “Los Ángeles Times Book Prize” en 2001; por su novela «El infinito en la palma de la mano» recibió los premios “Biblioteca Breve” de Seix Barral y “Sor Juana Inés de la Cruz” de la Feria Internacional del Libro en Guadalajara; en 2010, su novela «El país de las mujeres» ganó el premio latinoamericano “La Otra Orilla”; otra de sus novelas, «Las fiebres de la memoria», fue finalista del premio de “Novela Mario Vargas Llosa” en Mayo de 2019. Asimismo, fue premiada varias veces por sus poemas, siendo el premio “Jaime Gil de Biedma” el más recientemente. Por otra parte, Giaconda Belli recibió, en 2018, el premio “Hermann Kesten” del PEN Alemán a modo de reconocimiento por su trabajo por la libertad de prensa y en defensa de los derechos humanos y de la mujer.

Actualidad

Gioconda Belli continúa profundizando en el poder político de las mujeres, el que considera más que necesario en un mundo como el de hoy. Como se menciona en una entrevista publicada en su página web oficial, a sus 73 años, la autora es señalada como un doble símbolo de la resistencia en Nicaragua.

Primero, porque como revolucionaria logró que su poesía reflejara los ideales del pueblo oprimido durante la dictadura de Somoza y, al mismo tiempo, exaltó el poder de la mujer dentro del movimiento que derrocó al tirano en 1979. Segundo, porque ahora, cuando su patria vuelve a estar expuesta a la opresión, ella sigue siendo una mujer rebelde, sin miedo a enfrentar con su palabra al actual gobierno de Daniel Ortega, un líder que, pese a pertenecer al movimiento del Frente Sandinista, reprime a los ciudadanos y vulnera sus derechos humanos.

Aún hoy la poeta y novelista continúa expresando sin velos sus pensamientos respecto a la mujer, el erotismo, la feminidad y el cuerpo femenino. Belli afirma que el erotismo es revolucionario porque libera de prejuicios la idea del cuerpo. Durante mucho tiempo han existido muchas limitaciones para la mujer, en tanto que el cuerpo femenino se ha convertido en un área de disputa. Se intenta dominar a la mujer a través de su propio cuerpo: el control sobre la capacidad reproductiva, la belleza y el placer se construyen como piezas fundamentales para la subyugación de la mujer.

Si uno se pone a pensar en la mitología, como señala Belli en otras de sus entrevistas publicadas en la web, un mito de la humanidad que sigue siendo prevalente es el del paraíso terrenal: donde Eva, la mujer, es mostrada como la seductora, cuya belleza y curiosidad hacen que el hombre coma la fruta del árbol del bien y del mal, perdiendo así el paraíso y condenando a la humanidad a la muerte.

La autora agrega que, ese arquetipo, es muy fuerte y hace del erotismo algo pecaminoso. Por eso, hablar del erotismo como algo sano y positivo en la mujer resulta revolucionario para Gioconda Belli. “Somos alma y cuerpo, pero en el caso de la mujer el cuerpo le ha causado opresión, ser el objeto de dominación del hombre” señala, y concluye afirmando que “hay que cambiar esa concepción prohibida, seductora y pecadora del cuerpo de la mujer”. Por el contrario, este, junto a su extraordinaria capacidad de dar vida, no deben ser un punto de dominación sino un punto de privilegio de la mujer en la sociedad.

Respecto de las múltiples veces en que su poesía ha sido categorizada como erótica, Gioconda Belli afirma que cuando una mujer escribe algo de corte erótico es encasillada pero que, sin embargo, con un hombre no pasa lo mismo: “esos temas los han escrito los hombres por muchísimo tiempo y nadie los condena, con mi poesía yo estaba celebrando el ser mujer y no la categorizaría como erótica. Es más bien muy sensual, muy celebratoria del ser femenino, muy llena del cuerpo, de la carne y también la mente. De toda la mezcla que somos”.

Así, la escritora feminista lleva hablando sin tapujos, en su obra y en sus declaraciones, sobre el cuerpo y la sexualidad femenina, desde hace al menos medio siglo. Gioconda es, por encima de todo, una escritora que se ha apropiado de sus memorias, de su soledad y de su cuerpo como solo ella podría hacerlo: desde la subjetividad y la literatura.

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