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‘La Religiosa’, de Denis Diderot: todas las posibles denuncias

Denis Diderot fue un escritor, enciclopedista francés y filósofo, nacido el 5 de octubre de 1713 (Langres, Francia). Su religión fue el ateísmo. Una de sus obras más reconocidas fue La Encyclopédie, ou Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers. Creó la crítica a través de sus salones y triunfó en el ámbito literario con sus obras Jacques de fataliste y La Religiosa, entre otras. Falleció el 31 de julio de 1784, en Paris.

La Religiosa de Denis Diderot, un análisis necesario

La Religiosa, fue un libro que genero un gran revuelo en la sociedad francesa, fue finalizado alrededor de 1780 pero recién pudo ser publicado en 1796, como una obra póstuma. Diderot se encarga de articular diferentes elementos que permitirían identificar una denuncia sobre la opresión de los conventos, las monjas y las normas sociales del siglo XVIII.

Podríamos considerar al favoritismo como uno de los tantos posibles ejes de análisis frente a La Religiosa, un eje que cruza al personaje de Suzanne. Elemento que la sigue a los tres conventos en los que se ve recluida, este favoritismo se podría relacionar con la femineidad, el mandato y la autoridad, articulando las denuncias de Diderot sobre los conventos franceses.

En principio, el mandato impuesto por la madre biológica para limpiar sus culpas es claro: “[…] pero Dios nos ha conservado a las dos para que la madre expiara su falta en la hija.” (Diderot, 1976: 26). Suzanne es hija ilegítima. La posición de autoridad como madre biológica es lo que impone a Suzanne a aceptar tal mandato: “Fue la decisión que tomé yo. Quieren que sea religiosa; puede que ésta sea también la voluntad de Dios. ¡Pues bien!, lo seré; ya que es preciso que sea desgraciada, ¡qué importa dónde!…” (Diderot, 1976: 28).

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El mandato de la madre biológica es lo que condiciona los verdaderos deseos de Suzanne, ella no es ni se siente dichosa con la idea de ser religiosa y se autodenomina una “mala religiosa”, aun cuando cumpla con sus deberes mejor que nadie: “no reconozco como verdaderas religiosas sino a las que permanecen retiradas aquí por gusto […] Falta mucho para que yo sea una de éstas: mi cuerpo está aquí, pero mi corazón no.” (Diderot, 1976: 66). El mandato es la motivación.

Luego, la relación que Suzanne establece con la madre superiora de Moni del convento de Longchamp es en base de la bondad: “Fue, no obstante, su bondad lo que me perdió.” (Diderot, 1976: 32).

Esta bondad cumpliría una función de persuasión, Suzanne logra atravesar su noviciado sin inconvenientes y mantiene en pie el mandato de su madre biológica. Aquí el favoritismo se manifiesta grupalmente, hay varias favoritas, entre ellas Suzanne: “[…] después de todo no sé si me está bien decirle que me amaba tiernamente, y que no fui la última entre sus favoritas […] El calificativo favorita es el que las demás dan por envidia a las preferidas de la superiora.” (Diderot, 1976: 33).

No obstante, es también en el primer convento cuando una persuasión similar falla hacia y sobre Suzanne, se manifiesta una hacedera denuncia de Diderot: “Una madre de novicias es la hermana más indulgente que se haya podido encontrar.

Su preocupación es ocultaros todas las espinas del estado; es un curso de la mejor y más sutil seducción.” (Diderot, 1976: 11), entonces, Furbank explica en su texto Diderot. Biografía crítica. La Religiosa:  “El eje del argumento es muy concreto, es el crimen y la ofensa que representa para el alma el hecho de imponer la vida religiosa a quien no tiene vocación para ella; y ni Diderot ni su protagonista Suzanne […] olvidan este punto en ningún momento.” (Furbank, 1994: 233).

La persuasión de la madre de Moni es exitosa ya que, podríamos sopesar que Suzanne ve en ella una madre sustituta: “[…] todas nosotras éramos sus hijas.” (Diderot, 1976: 32).  Ahora bien, tras la muerte de la madre de Moni, la madre superiora Santa Cristina es todo lo contrario a lo que la madre de Moni llego a representar para Suzanne, podríamos atender una suerte de cambio estructural en el convento, casi vengativo: “Tomó aversión a todas las favoritas de su predecesora.” (Diderot, 1976: 42).

Por lo tanto, Suzanne se encuentra desplazada del lugar de la “favorita”, la que acompaña a la voz de la autoridad, y se convierte en “favorita” para torturar y castigar: “Cuando no podían encontrarme en falta, la suponían.” (Diderot, 1976: 45).

Ello podríamos articularlo con el texto de Luppol, “Del teísmo al ateísmo”, cuando explica sobre las religiones corrompidas: “Si se adora al Ser Supremo únicamente porque posee el poder de indultar o castigar, el objeto de semejante adoración no puede favorecer la probidad.” (Luppol, 1940: 72). Es la misma Suzanne quien lo enuncia y Diderot vuelve a denunciar: “¡Ay, señor, no hay criaturas más ruines que unas mujeres recluidas que están seguras de secundar el odio de su superiora y que creen servir a Dios al exasperaros!” (Diderot, 1976: 80).

En el tercer convento de Sainte-Eutrope, la madre superiora lleva a un punto extremo al favoritismo por el deseo lascivo -casi una obsesión- hacia Suzanne. La autoridad aparece cuando la madre superiora utiliza su posición al insistir e imponer a Suzanne para que esta le permitiera dormir con ella en la misma cama: “Soy yo quien recompensa o castiga, y diga lo que diga el director, no veo qué mal hay en que una amiga reciba a su lado a otra amiga […]” (Diderot, 1976: 148).

Enfocándose en la femineidad de Suzanne en su potencial con el clavecín, la madre superiora aprovecha tal cualidad para aproximarse físicamente a Suzanne, mientras Suzanne observa todo con inocencia, en especial cuando la madre superiora se excita:

“Realmente aquella loca tenía una sensibilidad increíble y el más vivo gusto por la música; nunca he conocido a nadie al que ésta hubiese producido efectos tan singulares.” (Diderot, 1976: 131).

Es decir, Diderot explicita el abuso de una madre superiora –sujeto con poder y autoridad- sobre una religiosa, una nueva denuncia sobre la opresión y aprovechamiento del poder en una “casa de Dios”.

Suzanne intenta articular un posicionamiento desde el imaginario religioso y social francés predominante en 1780. Por consiguiente, luego de haber confesado, el padre Lemoine le ordena huir de su superiora, y Suzanne no comprende: “¿qué es lo que encontraba de extraño en la escena del clavecín? […]” (Diderot, 1976: 164). Finalmente, Suzanne reflexiona y concluye: “[…] aunque las personas fuesen de un mismo sexo, podía al menos haber cierta indecencia en la manera con que se testimoniaban su amistad.” (Diderot, 1976: 169).

Toda la estructuración de denuncia que acompaña al personaje de Suzanne, puede ser relacionada con la noción que propone Furbank: “la raíz del problema no es el ‘destino’ ni el pecado original, sino una institución humana profunda e irremediablemente viciada.” (1994: 234). La femineidad, el mandato y la autoridad, así también el favoritismo, son elementos que permanecen en un juego constante sobre el personaje de Suzanne, además, son elementos que permiten la construcción textual y la posibilidad de denuncia.

Bibliografía:

Diderot, D. (1976). La Religiosa. Buenos Aires, Grijalbo. Traducción de Alberto Hanf.

Furbank, P. N. (1994). Diderot, biografía crítica, “La religiosa”. Barcelona, Emecé, 227-240.

Luppol, I. K. (1940). Diderot, “Del teísmo al ateísmo”. Buenos Aires, Problemas, 63-98.

Redactora | + publicaciones

Estudiante de Letras en la Universidad de Buenos de Aires. Amante de la cultura y la literatura japonesa. Intento de crítica literaria.

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