Luis Zamora - Entrevista a 20 años del Argentinazo

Comenzó su militancia en defensa de los derechos humanos durante la última dictadura cívico-religiosa-militar en nuestro país, y fue el primer nacional trotskista en la historia argentina. Luis Zamora, uno de los protagonistas de la rebelión del 2001.

Luis Zamora y el Argentinazo

La crisis de diciembre de 2001, también conocida como el “Argentinazo”, fue un hito en donde el pueblo argentino se enfrentó al poder de turno bajo el lema “¡Que se vayan todos!”. A tan solo dos décadas del estallido, Rock y Arte contó con una entrevista exclusiva a Luis Zamora, ex diputado nacional y fundador de Autodeterminación y Libertad.

Esos 19 y 20 de diciembre fueron la gota que rebalsó el vaso para los argentinos. Con una economía destruida, la pérdida de confianza en quienes gobernaban y la hambruna avasalladora, las personas alzaron sus voces y pusieron un freno. Entre los millones de trabajadores, políticos y militantes que se movilizaron en las calles, y algunos hasta Plaza de Mayo y la Casa Rosada, se encontraba Luis Zamora.

Luis Zamora

En esta entrevista por los 20 años del “Argentinazo”, es importante recordar que la lucha continúa y que muchos aún siguen estando, no se fueron todos, se reciclaron.

RyA: ¿Qué significa el “Argentinazo” para usted?

Luis Zamora: El «Argentinazo» fue, a mi modo de ver, una de las decisiones más democráticas de la historia que tomó el pueblo argentino. Si democracia es poder del pueblo, decisión del pueblo, o gobierno del pueblo, nunca, como en el 2001, el pueblo decidió algo, salió a la calle y lo puso en práctica. Es decir, decidió decirle basta a un gobierno, nada menos, y como el gobierno resistió, salió a ejecutar ese decisión.

Nunca el pueblo argentino había hecho tanta política como en ese momento, porque política, se entiende como seguir dirigentes, ir a actos que convocan dirigentes, ir a escuchar a un dirigente, ir a una marcha donde está adelante el dirigente. Acá, el pueblo salió espontáneamente, independiente de todo aparato, partido, dirigente. No hubo convocantes. El pueblo decidió espontáneamente algo.

La mayoría del pueblo decidió algo, hacer algo en forma espontánea y simultánea. Que alguien que estaba viendo la televisión viera a De la Rúa declarando el estado de sitio, decidiera salir a cacerolear, pero al mismo, salieran miles y miles a cacerolear y no solo en una ciudad sino en muchas ciudades y en muchos lugares del país.

Fue imponente. Fue una rebelión popular y un ejercicio de la democracia como nunca antes y como nunca después.

RyA: ¿Qué recuerdos tiene de los hechos ocurridos?

Luis Zamora: Recuerdos muy profundos. Primero porque fue impactante y emocionante. Ver un pueblo salir a la calle a exteriorizar su angustia, su desesperación, pero también su bronca y la decisión de decir «hasta acá llegaste», nada menos que al presidente, fue impactante, y también, porque fui parte. Fui uno de los miles o millones que pensé eso y sentí eso. Es decir que lo viví muy de cerca, como lo vivió cualquier habitante de este país que salió a la calle.

También con mucha indignación porque De la Rúa se fue matando, es decir, desconoció que el pueblo le estaba diciendo «andate» e intentó quedarse contra el pueblo y para quedarse contra el pueblo, empezó a matar.

Empezó a reprimir y se llevó 39 muertos, heridos. Repudiable lo que hizo De la Rúa. Murió impune, a pesar de todo lo que hicimos para que no muriera impune y fuera condenado. Yo, por supuesto, participé en la acción judicial, testimonié todo lo que sabía de lo que había ocurrido y la responsabilidad que tenía De la Rúa.

Tengo un recuerdo muy cercano también porque no es un hecho histórico, en la relevancia, sí, pero no como podría decir acerca del cabildo abierto de 1810, que es un hecho de la historia que pasó y no se va a volver a repetir. Es un hecho de nuestra época, lo que ocurrió en 2001 es de nuestra época, no solo porque está cercano, relativamente, sino porque las causas profundas económicas, políticas y sociales que lo produjeron siguen vigentes.

Entonces, ese 2001 está diciendo «el pueblo fue capaz de hacer esto y puede volver a hacerlo» y hay lecciones allí para hacer lo que no hicimos, que quedó pendiente, que podemos hacerlo aprovechando las lecciones de 2001.

RyA: ¿Dónde se encontraba y qué estuvo haciendo en esos días?

Luis Zamora: Yo estaba acá en Buenos Aires, acababa de ser elegido diputado y había asumido. Dos meses antes del 19 y 20, como parte de los últimos años de bronca y desesperación que se iban acumulando, había millones de familias sin ingresos de ningún tipo, ni siquiera, las jubilaciones de los abuelos, o adultos mayores -como se les llama ahora- porque no habían podido jubilarse debido a que el menemato los había expulsado antes de cumplir los sesenta o sesenta cinco años, sin poder tener los aportes.

Ya habían ocurrido puebladas, cortes de ruta por todo el país, que eran expresiones de los desocupados que salían a decir «existimos». Ese que se sube desde la banquina y corta para decir «estoy acá y no tengo qué comer».

Como parte de todo eso, en octubre de 2001, hay un voto bronca. Algunos dicen que fue el corralito, pero en octubre no estaba el corralito y la gente votó fetas de salame, ponía el dibujo de Clemente, la imagen de ese personaje sin manos que, no puede robar, para decir «no roben más», abstenciones, votos en blanco, impugnados de forma masiva. Ganó eso. Un 50% hizo eso y un 20% capaz que votó a alguien.

Yo salí electo diputado, y claramente eso fue un voto bronca, de muchos que quisieron votar bronca pero votando a alguien. Votar positivo, digamos. Sacamos el 10% en Capital, fue una elección que nunca más la izquierda repitió hasta hoy. Una izquierda radical, por lo menos. A los dos meses, asumo, el 10 de diciembre, así es que el 19 y 20 de diciembre, acababa de asumir como diputado y ese miércoles (19 de diciembre) estaba en sesión.

Ese miércoles hubo sesión en la Cámara de Diputados. Cuando se comenzó a rumorear que el presidente iba a declarar estado de sitio. Había un ambiente en el que la dirigencia política hablaba entre ellos, es decir, los presidentes de los bloques del justicialismo y radicalismo, al mismo tiempo que, discutían que tenía que salir Cavallo, decían varios de los oficialistas, arreglemos y hagamos un gobierno de coalición, que De la Rúa siga con nosotros en los ministerios más importantes. Esa era la salida para ofrecerle a De la Rúa, pero se tiene que ir Cavallo, es decir, la convertibilidad.

El marco de esas discusiones que era expresión de la rapiña empresaria, y de esto no se habla. Pero un par de años previos al 2001, se había terminado el consenso de la convertibilidad de la cual toda la clase dominante y empresarial se benefició. Durante los últimos años, ya habían sectores empresarios que no se beneficiaban y empezaban a perder con el dólar tan barato y empezaban a presionar por salir de la convertibilidad.

Pero había otros sectores poderosos, multinacionales, en general, presionaban por quedarse porque se beneficiaban con el dólar barato, o tenían que la salida de la convertibilidad, por ejemplo, los grandes bancos multinacionales no querían saber nada con salir de la convertibilidad, pero sectores importantes como las automotrices multinacionales, sí, porque con el dólar barato no les convenía, o los exportadores, las cinco o seis grandes multinacionales que exportan granos querían que el dólar subiera porque por cada dólar que traían, les daban más pesos, y para eso, había que salir del uno a uno.

Había una disputa tremenda, cuando la clase dominante no está de acuerdo con algo, empiezan a comportarse como buitres que se abalanzan sobre lo que hay y pelean entre ellos para ver quién se lleva la presa. Como aves de rapiña. Eso fue el marco empresarial. La disputa arriba, los acreedores internacionales, el FMI, muy parecido a lo que está pasando ahora, y que volvió a pasar durante los últimos años.

El FMI le seguía dando préstamos a De la Rúa, dólares, blindaje, megacanje, para que los dólares se fugaran. Cuando ya los grandes grupos económicos se habían pasado a dólar porque se veían venir la dolarización, o la devaluación, el FMI cortó el grifo, y cuando fue al banco el que tenía ahorros o tenía una indemnización porque lo habían despedido y la había puesto en dólares en un banco, ya no había dólares para darle.

Ese marco fue muy relevante, cuando declaran estado de sitio, empiezo a escuchar cacerolas, salgo al balcón. Mis chicos salen primero, eran pibes, chiquitos y empiezan a tocar la cacerola ellos, los vecinos, y salimos. Después nos fuimos a la esquina, yo vivo en Scalabrini Ortiz y Corrientes, en Villa Crespo, y nos dijeron que allí había mucha gente caceroleando y nos fuimos para allá. Luego, empezó el recorrido hacia el centro.

RyA: ¿Quienes cree que fueron los verdaderos culpables o el verdadero culpable?

Luis Zamora: Culpables serían los responsables de la desesperación del pueblo, porque del Argentinazo no hay culpables, hay responsables que se tienen que sentir orgullosos. Yo me siento orgulloso de haber participado de eso. Yo no soy culpable, soy responsable.

Yo protagonicé el Argentinazo, fui uno de los miles o millones, ningún rol relevante. Lo único que era un privilegio es que era dirigente político o militante político, y conocido, entonces podía estar entre la gente cuando gritaban de todo. Era uno más entre la multitud.

Los culpables del drama que vivió el pueblo y estimuló su rebelión fue el gran empresariado, sin dudas, y la dirigencia política. Los gobernantes, Menem, De la Rúa. De la Rúa despertó algunas expectativas e ilusiones que iba a tener con el desastre del menemato. Ya había una desocupación muy alta, el salario se había caído y la jubilación también. Era un drama la situación. Llegó a haber un 25% de desempleo, el doble de lo que hay hoy, por ejemplo. La pobreza llegó al 55%, no muy lejos de lo que es hoy. Era una situación dramática, no había laburo, las pequeñas y medianas empresas cerraban, que son las que más laburo dan siempre.

Estaban las grandes multinacionales que dan poco laburo, más bien hacen negocios. ¿Y quién era responsable? La dirigencia política, el justicialismo, y después la Alianza que fue la estafa, la alianza, los radicales, sectores que hoy están en el PRO, Lopez Murphy, etc. Fue dramático.

Chacho Álvarez que había formado el FREPASO como una alternativa de cambio político, de renovar la dirigencia política, digamos. Y después terminó juntándose con De la Rúa que era del viejo radicalismo, golpistas, etc. La dirigencia política tenía el mismo problema que el empresariado, no tenían un proyecto en común.

Unos defendían a unas empresas, otros defendían a otras, pero el justicialismo, por ejemplo, estaba dividido en tres: menemismo, duhaldismo y otro sector que después terminó formando el kirchnerismo. Unos estaban por mantener la convertibilidad, otros estaban por dolarizar, otros por devaluar pero sin dolarizar, es decir, sin suprimir el peso y que el dólar fuera la moneda argentina y, en este sentido, había todo un sector que quería esto.

Aves de rapiña, y la dirigencia política, como siempre, responde a sectores empresarios. Están con unos o con otros, pero financian sus campañas, financian sus lugares. Por eso cuando el pueblo salió a decir «váyanse todos» salió a decir «que se vaya Cavallo», salió a decir «que termine, basta de esto». En el camino, renunció Cavallo y dijo, «no, Cavallo solo, no, que se vaya De la Rúa, también».

Por lo menos, esa es mi impresión. Yo estaba en la plaza Congreso a la una de la mañana el 20 de diciembre, ya había habido represión, ya había habido un muerto, y se empezó a gritar que salía en las noticias que había renunciado Cavallo y estalló una euforia. Eran trescientas mil, cuatrocientas mil personas en Congreso.

La plaza estaba repleta, Yrigoyen, Rivadavia pero, además, estaba la gente que estaba por Avenida de Mayo y que venía de Plaza de Mayo porque estaban reprimiendo en Plaza de Mayo. Yo no pude llegar a Plaza de Mayo porque la represión era muy fuerte ahí. Venía toda la gente corriendo, algunos sangrando.

Y cuando renuncia Cavallo, después de la euforia se empieza a gritar que también se vaya De la Rúa, y también empiezan a gritar contra Menem («que se vaya Menem»). Menem ya se había ido, pero acababa de ser detenido por contrabandista, por la causa de contrabando de armas, y lo habían detenido en una quinta con arresto domiciliario. Inmediatamente, lo liberaron en noviembre de 2001.

Hubo una bronca enorme contra Menem, encima, a los hechos de corrupción, se suma todo lo que había hecho. Mucha gente gritaba mucho contra Menem. Y de repente, escucho, por primera vez, el «que se vayan todos» y esa, pasa a ser la consigna de todos. Y empiezan a cantar «que se vayan todos, que no quede ni uno solo».

Después se le agrega, «que se vayan todos, que este pueblo puede solo». Era muy hermoso. Pero era expresión de que ahí estaba la responsabilidad: la dirigencia política, pero el empresariado, no. La gente rodeó los bancos porque tenía depósitos ahí y responsabilizó a los bancos, y también la deuda externa y el FMI.

El FMI que ha sido, tradicionalmente, mala palabra en la Argentina, pero, en algunos momentos del menemismo, había recuperado la imagen, o más bien, Menem lo embelleció, y con la Alianza, volvió a ser el símbolo de algo muy repudiable. Y se gritaba, «que se vayan todos», contra el fondo monetario, por el no pago de la deuda.

Contra el gran empresariado, por ejemplo, los supermercados, que eran multinacionales como ahora, los grandes (supermercados) y que, se beneficiaban con el dólar barato, o sea, con la convertibilidad porque lo que vendían eran productos importados basura y chatarra, vivían de eso, y hacían ganancias con eso, además de los productos alimenticios, de limpieza, etc, pero ellos, no querían salir de la convertibilidad.

Había una muy fuerte pelea entre los grupos económicos y no tenían un proyecto en común por lo cual, disputaban, el gobierno se fue debilitando, parte de esa disputa, tratando de favorecer la convertibilidad el gobierno lo nombra a Cavallo, para tratar de mantener la convertibilidad, antes lo nombran a Lopez Murphy como Ministro de Economía de De la Rúa, y anteriormente, nombraron a un alfonsinista y después lo despidió a Machinea.

Lopez Murphy duró quince días porque la gente salió a la calle porque quiso meter un ajuste a la educación. Dijo, mantenemos la convertibilidad pero ajusto. Y eso es lo que le piden hoy a Fernández los del FMI, que reduzca el déficit público.

Lopez Murphy saltó por los aires, defendió los intereses del capital financiero, los bancos. Después lo nombró a Cavallo. No voy a hablar de lo que hizo, Cavallo, pero saltó por los aires junto con De la Rúa.

RyA: ¿En qué cree que afectó a la izquierda este suceso?

Luis Zamora: La izquierda es muy amplia. Muy heterogénea. A la izquierda más social que había surgido en los últimos años, o de la partidaria como Autodeterminación y Libertad nos sirvió para aprender. Promovíamos la asamblea. Veníamos promoviendo eso. Nosotros nos llamamos Autodeterminación y Libertad.

Nos formamos para eso, para que el pueblo se autodetermine, para promover ese proceso. Las izquierdas más del estilo de la Anibal Verón que después fue el Frente Darío Santillán, más de lo social, yo creo que aprendimos mucho y lo vimos con mucho entusiasmo.

La izquierda partidaria, más la que está hoy en el FIT, por ejemplo, no sé que aprendió. Su concepto es construir direcciones. La clase trabajadora no puede autodeterminarse y autodirigirse, tiene que ser dirigida, nada más que, en lugar de dirigentes traidores, sindicalistas, CGT, o política, PJ, etc., hay que pelear contra ellos que defienden intereses que no son de los trabajadores -como dice la izquierda tradicional- y tiene que reemplazarlos por dirigentes de izquierda. Y se encontró con un procesos sin dirigentes, yo creo que no aprendió nada de eso.
Le entusiasma que el pueblo salga a la calle pero intenta dirigir ese proceso y el pueblo rechazó ser dirigido y hubo un conflicto. Queda pendiente si habrá aprendido, pero por las discusiones que tenemos siempre…

Luis Zamora


A nosotros nos sirvió para aprender mucho. Primero vimos en vivo y en directo como un pueblo se reúne en asamblea en los barrios y empieza a decidir. Estudiantes con trabajadoras o trabajadores, con vecinos, jubilados en un mismo barrio. Se juntaban en una esquina, discutían esto y lo otro: ¿qué hacemos?, ¿por dónde vamos? en los días siguientes al 19 y 20, y en los meses siguientes. Esto pasaba en todo el país.

Nosotros habíamos creado un partido para empujar todo esto pero ahí empezó a operar el gobierno, operó la dirigencia sindical, los servicios de inteligencia metían gente, provocaban, aparecían como un vecino con propuestas locoides para que se armaran peleas. Los dirigentes sindicales también metían gente.

Entonces, una agrupación política sirve para defender que el pueblo se pueda autodeterminar y autodirigir, promoviendo, señalando. Luchadoras y luchadores se junten en una asamblea, y sepan quienes van y no se destruyan las asambleas.

Que la mayoría decida. Eso lo aprendimos después, un poco tarde porque cuando empezó a bajar la participación porque empezó a mejorar un poco la situación económica, al año, fue una pena que no hubiéramos podido ayudar a organizar que quedara un sector organizado para las tareas que hoy mismo enfrentamos. Lo empezamos a hacer después.

Después, si, sacamos esa lección y empezamos a construir la organización para promover el proceso de autodirección.

RyA: ¿Cree que, al menos, el sector de la izquierda al que pertenece debería haber actuado de una manera distinta?

Luis Zamora: El nuestro sí. Muy bueno lo que hicimos de defender las asambleas. Ser parte del proceso, no intentar ponernos por delante. Lo empujamos.

Hubo izquierdas que organizaron marchas por su cuenta. Marchas como la que hicimos el sábado pasado contra el FMI, como si no pasara nada. Estaba el pueblo en la calle, había decidido actuar de una forma y la izquierda organizó una marcha por otro lado. No percibió lo que estaba pasando.

Nosotros fuimos parte desde el primer momento. Todo nuestro grupo salió de cada uno de nuestros barrios, donde estaba, participó. Enfrentamos la represión como todo el pueblo. Nos parece que eso fue muy relevante.

RyA: ¿Cuáles fueron las consecuencias más notorias que pueden observarse en la sociedad argentina actual?

Luis Zamora: Aunque se tapa y se tapa, se habla de la crisis de 2001, del 19 y 20. La crisis es de todo el 2001, 1999, 1998, años antes del 2001. Lo que ocurrió el 19 no fue la crisis, fue una rebelión. Fue decir «si ustedes, los de arriba, no saben para dónde ir porque se están matando, disputando para dónde ir, el pueblo va a marcar un camino». Y salió a marcar un camino.

Enfrentar la crisis, lo hizo solo el pueblo, y eso fue, el 19 y el 20. Eso lo tratan de tapar, pero eso está adentro como lección para aprender de lo que el pueblo es capaz de hacer. Hay momentos en los que no se puede esperar. Y el pueblo sale a ejercer una democracia mucho más profunda que la de esperar dos años para salir a votar bien.

La verdadera democracia, porque un pueblo la ejerce directamente, no a través de un representante sino, ejerciendo la democracia directa. Esa lección está ahí y se le puso un límite al poder, porque si bien después mejora un poco la situación económica y la dirigencia política con Néstor Kirchner, especialmente, recupera el poder político para los dirigentes, se lo saca al pueblo, es decir, el pueblo, lo vuelve a delegar, vuelve a tener expectativas en un sector de la dirigencia, en la mayoría, no.

Hoy está más desprestigiada que en el 2001 la dirigencia política cuando se gritó «que se vayan todos». El PJ está mucho más desprestigiado que en ese momento, por ejemplo. En ese entonces, estaba la Alianza que había generado bastantes ilusiones. Juntos por el Cambio, no tiene una historia para nada, en términos de vínculos de respeto con el pueblo. Y la justicia, que no estaba tan desprestigiada, ahora está muchísimo más desprestigiada.

La dirigencia política ha sido muy cuidadosa porque después de la lección de 2001, siempre temen que el pueblo salga a la calle. Siempre llegan los diciembre y dicen «atención con diciembre», y cuando quieren meter un ajuste, siempre temen, tratan de hacerlo gradualmente, de a poco, igualmente, así, explotan los planes después.

Macri termina explotando y hoy dice, «debí haberles metido un ajuste feroz, fuerte de entrada, y no intentar hacerlo de a poco, gradualmente, porque me terminó estallando el plan». A Fernández le está pasando lo mismo. Entró y no se anima frente al pueblo. Saben el poder que tiene el pueblo porque es el mismo pueblo del 2001, no es un pueblo distinto, por más que hayan cambiado un poco las generaciones.

Históricamente, es el mismo y la relación con la dirigencia es la misma, de desprestigio. Nada lo muestra mejor que la rebelión de las mujeres. La rebelión que salta en el 2015 con el #NiUnaMenos, aunque recoge una lucha feminista ancestral, digamos, así como el patriarcado es ancestral.

A partir del 2015, hay un antes y un después. Se empodera la mujer, masivamente y sale a la calle con un número parecido, trescientas mil, cuatrocientas mil mujeres marcharon en la Capital y en muchos lugares del país.

Y se repitió varias veces en estos años hasta que se logró, inclusive, una conquista histórica como es la de decidir sobre su cuerpo, rodeando el congreso y no fue con ninguna dirigenta. No es que, Cristina Kirchner convocó o un partido, o el justicialismo, la CGT o un movimiento de mujeres respetado por todas.

Las mujeres salieron empoderadas por más que haya algún grupo que ponga una fecha, pero las chicas, mujeres, no salen ni saben quienes son las mujeres que organizaron o pusieron una fecha. Eso muestra un proceso muy parecido al 2001, de empoderarse desde abajo, de autoconvocarse, no ser convocadas por alguien y eso es de época.

Es lo que pasó en Chile, lo que pasó en Francia con los Chalecos Amarillos, en Ecuador, en Colombia, con toda la movida afro por el tema del asesinato de Floyd en manos de la policía, fue masivo y salió sin dirigentes.

Inclusive, uniéndose con el movimiento de mujeres #MeToo. Es muy potente lo que está pasando. Por eso es tan de época. Se mantiene y se profundiza. Lo que está pasando en Chubut hoy. Hay una reacción contra la dirigencia política y empresarial (multinacionales megamineras) y eso también lo empujó a Alberto Fernández a fondo con la megaminería, y está el pueblo defendiéndose como puede.

La organización de asambleas, muchas asambleas desde hace varios años cuando dijeron que no, es no, por allá por el 2003. Y, ¿quiénes dicen No, es no, también? Las mujeres. Y ahí hay algo muy en común: empoderarse desde abajo contra la defraudación de los de arriba, la estafa de los de arriba que dicen ser representantes del pueblo y en realidad representan los intereses de empresas o a negocios empresarios.

RyA: ¿Cree que en la actualidad hay un clima en el que la gente quiere que se vayan todos?

Luis Zamora: No, no diría eso. Diría que hay una crítica muy profunda a la dirigencia política, quizás, más profunda que la del 2001, pero no hay una decisión de decir «basta». No hay confianza, las pocas expectativas que había despertado el Frente de Todos en el 2019, y no hablemos de las de Macri en el 2015, se están acabando, pero hay como un momento de mucho malestar pero más de tipo «qué hacemos» no de «salgamos», «basta», «esto no puede seguir».

La crisis es más aguda, por ejemplo, la deuda externa es del doble del 2001. Los problemas del país son más agudos, la pobreza es un poquito menos, pero es muy alta, pero hace casi 25 años que tenemos esa pobreza, no dos o tres años como en el 2001.

El salario se está quedando mucho, con Macri perdió veintipico de puntos el registrado en blanco y cerca de treinta puntos el informal, en negro, precarizado.

Y con Fernández sigue cayendo, tres o cuatro puntos más, y la perspectiva es que siga cayendo. Se está acumulando un malestar, y no hay respeto por la dirigencia política. Fernández no está más desprestigiado que De la Rúa.

Fernández es un personaje que si no hacía ese amontonamiento que es el Frente de Todos con Cristina, Massa, la CGT, empresarios, rodeándolo, no convoca a una sola persona, entonces, es muy delicado.

Cristina Kirchner si tiene un cierto liderazgo en un sector pero lo está perdiendo. Va cayendo su liderazgo y, además, está muy pegada al resto. Y enfrente, está el macrismo, que no tiene tradición, identidad, nada.

No es lo mismo ser un partido de cien años como era la Alianza con los radicales, etc, que estos radicales de hoy con Macri o con Patricia Bullrich. Son dirigentes que no dirigen, pero bueno, los vota la gente todavía.

Le ponen el voto, pero no tienen ya muchas ilusiones. Si uno dice qué va a pasar, la forma de expresión del 2001 seguro fue única porque son momentos, acontecimientos que no se repiten, ahora, todas las condiciones que lo promovieron se han profundizado, en general, alguna que otra es distinta.

Por ejemplo, en el 2001, el que no tenía un ingreso privado o del Estado porque no tenia laburo, no era empleado público ni empleado privado, no cobraba nada, hoy, hay unos planes de asistencia social enormes, muy extendidos, de muy poca plata, pero muy extendidos.

A partir de los planes, jefas y jefes de 2001 con Duhalde, que empezaron a poner planes porque sino, el pueblo los mataba, porque Duhalde devalúa y les roba el salario un 40% en dólares con la devaluación un mes después del 2001. Así es que, en ese sentido, ese elemento está actuando como de contención, hay comedores comunitarios por todos lados, etc.

No hace unos meses que hay planes, hace veinte años que viven con planes que no alcanzan, asistencia estatal o privada, movimientos sociales y eso, en cualquier momento se vuelve a decir BASTA.

Y está lo que faltó del 2001, auto-organizarse desde abajo, no solo salir espontáneamente y enfrentar la presión de los de arriba en las asambleas, y de eso, ya hay una experiencia. Hay desafíos por delante más que previsiones. Sacar a los de arriba es el desafío. Lo que no se hizo en el 2001, hacerlo.

Sacar al poder empresarial y a su dirigencia política, y a la dirigencia en general. Basta de dirigentes, y ese es un desafío refundacional. Refundar al país sobre la base de lo que el pueblo decida en un proceso de auto-organización.

RyA: ¿Cree que en un futuro cercano se puede dar un proceso como en el 2001?

Luis Zamora: Las cosas nunca se reproducen igual, pero sin que se reproduzca de la misma forma, rechazo de los de abajo a los de arriba, sí. Yo creo que vamos hacia eso.

¿Cómo se resuelve eso? Seguramente, los de arriba se preparan con elementos de represión para defender lo que no pueden defender por ascendiente político, por el liderazgo que no tienen.

Al mismo tiempo, ¿cómo se preparan los de abajo? Ahí, hay una experiencia que se va haciendo, pero, siempre lo que se hace desde abajo cuesta más que lo que se hace desde arriba. A los de arriba no les cuesta, tienen todo el aparato político, cultural, comunicacional, económico, recursos.

Lo que no tienen es ascendencia política sobre el pueblo. Tienen muy poco respeto desde el pueblo. El pueblo no tiene todos esos recursos, pero tiene la masividad. Si se organiza, tiene un poder que los de arriba no tienen.

Estudiante de Periodismo en FCECS- USAL.
Lectora empedernida y amante de la cultura japonesa.

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