Hado, diversidad para toda la familia | Rock y Arte - Divulgación Cultural

El viernes por la noche estaba en Carlos Paz. Llegué a la peatonal principal, repleta de turistas de toda la Argentina que iban y venían. A pesar de la multitud, el sonido de aplausos y gente de vestuario brillante llaman la atención. La alegría y el jolgorio en las puertas del teatro Acuario nos invitan a entrar a la sala y a maravillarnos con su  propuesta: cada noche, una compañía cordobesa sorprende a sus espectadores con Hado, un cuento de “hadas” moderno.

El argumento podría ser simple, pero no hay nada más complejo que la simpleza en sí misma. La búsqueda de una estrella; colores brillantes; coreografías y canciones pegadizas; aplausos; risas; y, lo más importante, la aceptación de lo que somos, de cómo queremos que nos vean, de que si se sueña, está en nosotros en conseguirlo.

¿QUÉ ES HADO?

Cuando pienso en la obra, la primera idea que viene a la cabeza es orgullo cordobés. Hado es una varieté que abrió su telón en la temporada de verano en Córdoba. La idea la desarrolla Los CanCan, una compañía cordobesa, junto a la mano de L10 Producciones, también cordobesa. Ambos asumen el reto de entretener cada noche con un espectáculo hermoso a la gorra,  lo que es aún más increíble Sin precio en la entrada, subestimados y criticados por ello, los que tienen la carga de entretener entienden que la misión es conseguir una distracción y un par de risas. Aunque sea por un ratito, buscan alejar a los espectadores de los problemas que los asedian y reír.

Acrobacias en Hado

Hado lleva la igualdad y la diversidad no solo al escenario, sino también fuera de él: es una de las pocas producciones que tiene compuesto su plantel de trabajo la mitad por mujeres.

Además de la calidez y aprecio del público, consiguió dos premios en la temporada: el premio “Chango Juárez” al espectáculo cordobés y el premio al mejor espectáculo varieté, aparte de ser nominado a mejor vestuario, todos forman parte de la terna de los Premios Carlos, como se los conoce en la Villa.

¿QUÉ NOS CUENTA HADO?

            La obra comienza con Petunia, el personaje silencioso, siendo pícaramente rodeada por bailarines con coreografías seductoras. Mientras trata de realizar sus tareas de jardinería, se deja llevar por la música.

Se abre el telón, y Damián Sarfatti nos avisa que se encuentra en busca de una estrella, por lo que tres hados -interpretados por los transformistas Fer, Pruna y Nico Arellano- asumen la tarea con humor y dicha subiendo  al escenario con esplendor y gloria, pero sobre todo orgullo.

En el medio, coreografías y acrobacias impresionantes que incomodan en el asiento del asombro y la maravilla, ejecutadas por las bellas Claudia Fernandez y Abi Aguirre, y los talentosos Eric Mendoza, Juan Grobat y Joaquín Blanco -este último también endulza nuestros oídos cantando en vivo cada una de las pistas musicales que sirven de fondo, tanto en inglés como en castellano.

Lo que más impresiona, como si fuera parte del guion, es el público que responde a cada incentivo, siempre con aplausos, incluso con familiaridad a aquellos que les toca subir al escenario a ser parte de los cantos o bailes o chistes. Es para destacar que ambas funciones siempre se encuentran a sala llena.

Hado, diversidad para toda la familia | Rock y Arte - Divulgación Cultural

LOS CUENTOS DE HADAS NO SON SOLO CUENTOS

Por mucho tiempo la sociedad argentina, por no decir la global, consideraba gracioso o festejaba ciertos tipos de bromas, chistes o alusiones personales dirigidas  a la sexualidad de las personas y su elección de género. Incluso muchas de estas bromas llegaron a cosificar al género femenino, al punto de exponerlo en la pantalla casi sin ropa, ya sea en los programas de los dos supuestos cómicos más grande de la televisión argentina o bailando para el supuesto mejor conductor de la televisión.

La regla referida a la falta de respeto y a la cosificación se extendió por las llamadas tablas y por un largo tiempo, temporada tras temporada, en los diferentes puntos turísticos del país. Allí encontrábamos humoristas con las bromas gastadas y estúpidas de siempre, creyendo que afinar la voz e insultar con aquella palabra despreciable de cuatro letras era gracioso, mostrando luego mujeres sin ropa casi, exhibidas como reses en algún mercado.

La sociedad cambió y hay cosas que ya no causan gracia (aunque de hecho nunca lo hicieron). Si bien hoy luchamos por la igualdad y la diversidad, todavía existen seres que cuestionan decisiones que no les competen. Aun así, la mayoría respeta al individuo que se encuentra al lado, al frente o detrás, sin importar quien decida ser. Siempre existen excepciones, como aquellos que aparecen y, para ganar puntos electorales, se sirven del odio.

En este contexto, Hado utiliza el humor para reírse de uno mismo sin faltar el respeto a las decisiones y/o elecciones, sin utilizar a nadie como objeto de miradas perversas ni juzgadoras. En una hora y veinte nos enseña algo muy importante: nos recalca la belleza que existe en la diferencia y en la diversidad.  Elegir quien uno es ya no es algo que debemos susurrar y mantener en secreto, sino que se grita a viva voz con felicidad y orgullo, y eso también es gracias a estos Hados.

El anfitrión finaliza la obra contándonos -y a la vez generando alguna que otra lágrima o poniendo la piel de gallina- que llegó hasta ahí gracias al apoyo de su padre, quien lo incentivó a seguir sus sueños y a quedarse con aquellas personas que lo valoran de verdad. Y emociona, porque a veces solo falta eso. Alguien que esté con nosotros a cada paso, nos miré y nos diga te respeto, respeto tus elecciones y tus decisiones. Más aún estoy con vos, te apoyo.

Y a veces, cuando estamos sentados esperando, pensando, planteándonos lo que sigue, a veces todos y todas necesitamos un hada o hado que nos guíe, nos muestre nuestra estrella y nos anime a seguir nuestros sueños. Esto se celebra, se celebra y mucho porque avanzamos, ya no buscamos escondernos, buscamos que nos vean y nos veamos tal y como somos.

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