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Niní Marshall: el humor como elección de vida

Niní Marshall: el humor como elección de vida | Rock y Arte - Divulgación Cultural

Marinita, le decía Ángela, su mamá. Marinita porque se llamaba Marina, y ese diminutivo era la forma cariñosa de llamar  a la hija menor de una familia repleta de hermanos. Pero este apodo terminó siendo sumamente largo, así que se redujo simplemente a “Niní”, el Marshall vendría con el tiempo, con los años.

Niní Marshall, su carrera y vida

Por ahora era solo Niní, última hija de un matrimonio  de asturianos que se asentó en Buenos Aires, la simpática niña que nació el 1 de junio de 1903 para alegrar la vida de todos, a pesar de que su llegada se vio teñida por la desgracia de perder a su padre sin siquiera tener en su memoria algún recuerdo de él, o de sus hermanos Genoveva y José, víctimas de la difteria. 

Niní Marshall

Marina Esther Traveso, conocida públicamente como Niní Marshall, fue una niña intrépida, ocurrente, graciosa, diferente. Una inventora de historias, dueña de miles de alter egos con los que parecía abrir una pared a otra dimensión sin salir de su casa de San Telmo, solo disfrazándose con las ropas de fiesta de sus hermanas y los zapatos  de su madre.

Marina tenía ya a su corta edad una desbordante imaginación. Una de las personas que vivió esto de cerca fue Francisca, la mucama gallega que servía en su casa. Niní Marshall se inspiró en ella para, años más tarde, darle vida a Cándida, uno de sus personajes más conocidos.

Pero por ahora era solo una niña con ganas de crear. Su madre Ángela fue fundamental en la vida de Niní Marshall, porque no hubo momento en el que no la incentivara a lograr todo lo que se propusiera, tanto fue así que luego de su primera actuación en el Centro Asturiano con tan solo 6 años de edad, fue Ángela quien decidió llevarla a estudiar baile español.

Al casarse sus hermanos mayores, Niní Marshall y su madre se mudaron a otro barrio en el cual ella montaría su primer compañía teatral llamada “Los arribeños del norte”.

Niní era todo dentro de su propia compañía: la actriz, directora, encargada de la puesta en escena e incluso la que bajaba el telón final. Ella volcaba piezas de su autoría en la terraza de su casa y luego pudo hacerlo en el sótano de los padres de una amiga.

Probablemente el período más turbulento por el que pasó Niní fue la vida doméstica con Felipe Edelmann, un ingeniero ruso con el que se casó. La vida ya no se parecía en nada a lo que había sido: no había teatro, no había público, no había personajes, no había Niní.

El matrimonio no prosperó, ni siquiera con el nacimiento de Angelita (bautizada con ese nombre en honor a la memoria de su abuela Ángela). Edelmann tenía una inclinación hacia el juego que les costó mucho, pues perdieron todo lo que tenían. Y ese fue el límite para Marina, quien decidió que lo mejor era separarse del padre de su hija, algo poco convencional para la época. 

Niní Marshall

Este fue el inicio del resurgimiento de la artista: “La Chaplin con faldas” había regresado. Sí, no fue algo sencillo.

Una madre soltera que alquila una pensión en Buenos Aires mientras busca  trabajo para mantener a su pequeña hija, no era la costumbre de una sociedad aún colmada de estereotipos y una herencia cultural que se anclaba en la forma tradicional de ver a una mujer: como ama de casa que solo espera al marido y cuida a los niños.

Niní, en cambio, estaba buscando su destino, con determinación y entereza, sin miedo al fracaso. 

Delfín Ravinovich, amigo de la familia Traveso, fue el primero en darle una mano al introducirla al mundo del periodismo en la redacción de La novela semanal, una revista con mucho éxito durante esa época. Si bien el pago no era mucho, podía mantenerse a ella y a su hija.

Con el tiempo y la experiencia decidió lanzarse a una entrevista de trabajo con Emilio Karstulovic, director de la revista Sintonía, quien accedió gustoso a darle una columna de espectáculos, la cual bautizaron como “Alfilerazos” , espacio de humor en el cual Marina firmaría bajo el seudónimo de Mitzi. 

También Marina pasó por el mundo del canto bajo el seudónimo de Ivonne D’Arcy en el programa de radio “La voz del aire”. Fue luego cuando, haciendo un juego de palabras entre el nombre y apellido de su pareja, Marcelo Salcedo, dio origen a su apellido artístico: Marsal. Claro que  esta denominación sufriría sus cambios debido a los errores de la prensa, por lo que pasaría a convertirse en Marshall, aunque a Niní le encantó. 

La radio le abrió sus puertas y ella supo ganarse el espacio. Con talento y humor, Niní Marshall construyó a su primer personaje icónico en el programa “La manteca argentina”: la gallega Cándida, inspirada en Francisca, la mucama de su infancia.

Aunque los años 1935 y 1936 fueron complicados para la artista, porque muchos de los dueños de radios y programas  no veían como rentable el trabajo de Marshall, ella se siguió esforzando. Fue en 1937 cuando consiguió una participación en el programa de una joven promesa del espectáculo, Juan Carlos Thorry. 

No pasó mucho tiempo hasta el nacimiento de Catita, un personaje de Niní que surgió a partir de los viajes en colectivo de la artista, en donde podía observar el comportamiento de las chicas de la época, aquellas fanáticas enamoradas de galanes como Thorry y que tenían una forma de hablar muy característica e imitable.

Catalina “Catita” Pizzafrola Langanuzzo debutó en Radio El Mundo un 2 de mayo de 1937 y , desde ese momento, los éxitos no pararon. Pronto el cine le dio la bienvenida de la mano de Manuel Romero en una película llamada “Mujeres que trabajan”, en donde interpretaba a Catita. 

Niní Marshall

Durante esos años el cine fue su nuevo hogar: Niní traspasaba las fronteras. Sin embargo, estos avances enormes se vieron truncados cuando en 1943 el golpe de Estado que depuso a Castillo lo cambió todo. A Marshall le cancelaron varios personajes, entre ellos Catita.

Las creaciones no eran del agrado del general Ramírez y el Consejo Superior de las Transmisiones Radiotelefónicas. Por todo esto Niní tuvo que continuar con los personajes que no habían sido prohibidos. 

Con los años la situación se tornó demasiado difícil para la “artesana del humor”:  la entrada de películas para producir eran autorizadas solo por Eva Perón, quien rechazó toda propuesta que incluyera a Niní Marshall, por lo que no pudo realizar ninguna película en Argentina por bastante tiempo. 

Por este motivo decidió exiliarse a México, lugar en el que conoció a su amiga Libertad Lamarque. Este país le dio y le quitó. Tuvo un éxito arrollador y a la vez su matrimonio con Marcelo Salcedo terminó. Pero encontró el amor nuevamente, que esta vez duraría dieciséis años, en Carmelo Santiago. 

Entre idas y venidas Niní nunca dejó Buenos Aires, siempre regresaba con una película, una obra de teatro o un programa de radio. Nada pudo evitar que la artista se abriera paso entre generaciones de padres, hijos y nietos que reían cada vez que la veían.

El humor de Marshall le valió su carrera hasta el final de sus días. Todo aquello que atravesaba en su vida personal jamás condicionó su trabajo, el cual tomaba con muchísima seriedad y profesionalidad. Desde que subió a ese escenario del Centro Asturiano a los 6 años de edad hasta el último aliento en “Y… se nos fue redepente”, dio su vida en el escenario y su sangre a cada uno de los personajes que creó: Cándida, Catita, Doña Pola, Carmen, Niña Jovita, Mónica, Frida, Belarmina, entre otros. 

Niní Marshall nació el 1 de junio de 1903 decidida a pintar el mundo con risas  y crear un nuevo idioma y código del humor sano. Y, definitivamente, cultivó en el corazón de quienes pudieron disfrutarla, un recuerdo inigualable. El 18 de marzo de 1996, Marina Esther Traveso dejó la tierra físicamente pero sigue presente. Cada vez que alguien se encuentra con sus tan atesorados personajes ella vuelve a la vida. 

¡Hola! Mi nombre es Malena y soy periodista. Me encanta escribir pero sobre todo acerca de temáticas de interés cultural, más si se trata de teatro, cine o literatura. En RockYArte voy a escribir acerca de esas cosas y mucho más, con análisis semanales y diferentes propuestas.

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