Heroe Moderno - I, Daniel Blake
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Un héroe moderno en I, Daniel Blake

Hoy en día se hace difícil pensar al héroe como se lo concebía en la Antigüedad: durante ese período, el héroe era aquel que se distinguía por realizar actos que ponían el bien mayor -ya fuera de una persona o de la sociedad de la que formaba parte- por delante del propio interés, bienestar, o incluso supervivencia.

El concepto del héroe, en la actualidad, parece arcaico, algo forzoso. Es complejo, incluso inverosímil, pensar al sujeto contemporáneo, el cual vive cada vez más aislado del resto de los individuos, como alguien que pondría el bienestar de otros antes que el propio. Sin embargo, siempre se encuentran ciertas historias, ficcionales o no, que remiten a la idea del héroe, aunque sea diferente al retratado, por ejemplo, en textos clásicos como la Ilíada o la Odisea.

El camino del héroe posmoderno

Este es el caso del personaje de Daniel Blake en la película I, Daniel Blake (2016) de Ken Loach. El film retrata su travesía, que comienza cuando su médico le prohíbe seguir trabajando por sus problemas cardíacos, por lo que Daniel se ve obligado a buscar asistencia social.

Cuando el subsidio por incapacidad laboral le es negado, inician sus peripecias dentro de un sistema burocrático que no solo no quiere ayudarlo sino que, además, lo humilla de diversas formas: lo obliga a llevar a cabo una búsqueda de empleos que no podrá aceptar por su problema cardíaco, y lo somete a trámites digitales que, por su falta de conocimiento de la tecnología, excluyen a Daniel, profundizando la brecha digital.

Héroe moderno - I, Daniel Blake

En este sentido, se produce un enfrentamiento constante entre el protagonista y el sistema de protección social, retratado en la película como un aparato del Estado que convierte a las personas en cifras y, más que ayudarlas, las expulsa de la sociedad, negándoles sus derechos más elementales.

Posteriormente, Daniel Blake conoce a Katie, una madre soltera con dos hijos, que también atraviesa problemas similares con la asistencia social. A partir de ese momento, Daniel se convierte en su compañía y ambos se ayudan mutuamente hasta el final de la película.

Más allá de que la peripecia de Daniel Blake esté motivada por un problema personal y no por el bien mayor de la comunidad, creo que de todas formas puede ser considerado un héroe. Un héroe distinto, roto, pero que aun así ayuda.

Daniel se enfrenta a muchos problemas, entre ellos, conseguir una pensión para poder comer; sin embargo, cuando ve que Katie está siendo maltratada por uno de los empleados de la asistencia social, la defiende, denunciando la negligencia de los empleados.

A partir de allí, deja de lado su propio interés por el de Katie y sus hijos, actuando como sostén en los momentos más difíciles. Además, ayuda a su vecino cuando lo necesita, aunque tenga que pasar por situaciones peligrosas o incómodas que preferiría evitar.

Daniel, quien continúa sintiéndose alienado, desgastado y excluido por el sistema, decide graffitear la pared del edificio que tanto le negó su ayuda, exigiendo una respuesta:

“YO DANIEL BLAKE EXIJO MI APELACIÓN ANTES DE MORIRME DE HAMBRE Y CAMBIEN LA MÚSICA DE MIERDA QUE PONEN POR EL TELÉFONO”.

Extracto de «I, Daniel Blake» de Ken Loach.

Frente a esta exhibición, muchísimos ciudadanos lo acompañan en el sentimiento, lo apoyan y aplauden porque comparten la experiencia de haber sido marginados de forma sistemática.

Ser héroe en un sistema miserable

En la Antigüedad clásica, el héroe encarnaba el concepto de areté (ἀρετή ), palabra que tiene como raíz aristós, que refiere a “el mejor”: el héroe es el modelo ideal, el ejemplo al que aspiran las personas. En este caso, Daniel no ayudó de forma directa a las personas que lo aplauden en la calle, no les brindó algo para mejorar su situación, pero su acción es extraordinaria. Se distingue del resto porque se enfrentó al sistema, y los incita a hacer lo mismo. Así, los ciudadanos que se encuentran en una situación como la de Daniel pueden identificarse con él y tomarlo como un modelo de acción ideal.

En otra línea de pensamiento, puede compararse la travesía de Daniel con el proceso de pedir ayuda al Estado en “Ante la ley” de Franz Kafka. En este cuento, la ley se muestra como un espectro inalcanzable, el cual parece accesible pero no lo es. La ley, en este relato, encierra toda una jerarquía de guardias que les dan falsas esperanzas a las personas y las rebajan hasta la humillación.

Se trata de un aparato estatal similar al representado en I, Daniel Blake, constituido por una serie de personas que complican, e incluso imposibilitan, el acceso del ciudadano a las leyes que deberían garantizarle sus derechos. En su superficie el Estado se construye como una ayuda pero, a fin de cuentas, lo único que hace es maltratar a los ciudadanos, amparándose en procedimientos administrativos, normas o protocolos.

Daniel deja escritas unas palabras que resumen el proceso de desgaste por el que pasó, las cuales, a su vez, reafirman esa posición de héroe que se le concede en la construcción de la película.

“Yo no soy un cliente o un usuario de servicios (…) No soy un número de Seguro Nacional ni un destello en una pantalla (…) No me doblego ante nadie, sino que miro a mi vecino a los ojos y lo ayudo si puedo. No acepto ni busco caridad. Mi nombre es Daniel Blake. Soy un hombre, no un perro. Y como tal, exijo mis derechos. Exijo que me traten con respeto. Yo, Daniel Blake, soy un ciudadano, ni más ni menos que eso.”

Extracto de «I, Daniel Blake» de Ken Loach.

Estudiante de la Licenciatura en Artes de la Escritura.
Un libro en una mano, en la otra un café. Si me cruzás en la calle, seguro estoy leyendo mientras camino.

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